¿Aún tienes leche?
Sí, y la seguiré teniendo mientras mi hija quiera.
En un principio me sentía orgullosa cuando me hacían esta pregunta a la que suele acompañar otra: “¿no le das ayuda?”. ¡¡Ayuda!! ¿Para qué? ¿Para que crezca sana y feliz? Pues claro que se la doy, la ayudo con mi teta cada vez que la reclama, la ayudo con el único alimento fabricado en exclusiva para ella.
Más tarde, con el paso de los meses, empecé a sentirme molesta cada vez que se me formulaba la dichosa pregunta.
¿Leche?, pues claro que tengo leche como cualquier mujer que dé la teta a demanda. La succión del niño estimula el pecho desencadenando una cascada hormonal que llega al cerebro cuyo resultado es la eyección o salida de la leche. Por lo tanto a más succión, más producción.
Pero esto último ya no interesa escucharlo, y nos encontramos a quien le fue imposible amamantar porque "no tenía leche", y se nos tacha de afortunadas, tanto es así que casi tendríamos que dar gracias por este don que se nos ha concedido.
Señoras, que somos animales mamíferos, ¿se nos ha olvidado?. ¿Cómo es posible que la especie humana que durante miles de generaciones hemos habitado este planeta hayamos llegado hasta nuestros días si no hubiese sido por las tetas de nuestras antepasadas?. Que las leches de vaca desnaturalizadas industrialmente no han existido siempre. ¿Cómo puede ser que en el último siglo hayamos perdido la capacidad de amamantar a nuestros hijos?.
Me he cabreado muchas veces; hasta que comprendí que la culpa es de la carencia de información.
Muchas lactancias se frustran porque nadie es capaz de informarnos debido a que no abundan los profesionales de la salud que desde el embarazo te asesoren con rigurosidad. Y eso me entristece sobremanera. Que haya criaturas que sean privadas de este elixir de vida que es la leche de su madre por desinformación materna………. simplemente me supera.
Existe la errada creencia popular de que no todas las mujeres tenemos leche. Sí, la hipogalactia verdadera (escasa producción de leche) existe, se da en muy contadas ocasiones y puede tener su origen en patologías muy concretas como: hipotiroidismo no controlado, SOP (síndrome de ovarios poliquísticos), reducción mamaria reciente(siendo necesaria una valoración individual de cada caso), síndrome de Sheehan (provocado por hemorragia masiva y severa en el postparto inmediato). Por lo tanto, la hipogalactia verdadera es una condición muy rara.
En la mayoría de los casos, lo que la madre percibe como una producción insuficiente es en realidad una cascada de problemas que tuvo su origen en una mala técnica, un frenillo lingual corto, la imposición de horarios para dar el pecho o las recomendaciones contradictoras o erróneas.
Muchas veces las expectativas no se corresponden con la realidad. La inmensa mayoría de mujeres cuando se convierten en madres por primera vez no han visto amamantar jamás, por lo que ignoran cómo funciona la lactancia. A menudo, esperan bebés que coman puntualmente cada tres horas y duerman entre toma y toma, algo que pocas veces se da en la vida real. Y, estas madres acaban pensando que el niño llora porque pasa hambre, es decir, porque no tienen suficiente leche.
Hay toda una generación de mujeres, hoy abuelas, que no dieron el pecho a sus hijos, lo que significa que se rompió la cadena de transmisión familiar de la cultura de la lactancia.
De ahí la importancia de acudir a los grupos de apoyo a la lactancia ya desde el embarazo, desde donde se ofrece información veraz y actualizada así como la posibilidad de compartir vivencias con otras madres lactantes.
No nos olvidemos; todas las madres tenemos leche de calidad, se ha demostrado que en madres desnutridas y viviendo en condiciones extremas su leche es de calidad. Las células se las arreglan para extraer los nutrientes necesarios de las reservas maternas para que el lactante no sufra carencias.
Sí, una vez más la Naturaleza es sabia, dejémonos pues guiar por ella con más asiduidad.
