viernes, 30 de marzo de 2012

¿Aún tienes leche?
Sí, y la seguiré teniendo mientras mi hija quiera.
En un principio me sentía orgullosa cuando me hacían esta pregunta a la que suele acompañar otra: “¿no le das ayuda?”. ¡¡Ayuda!! ¿Para qué? ¿Para que crezca sana y feliz? Pues claro que se la doy, la ayudo con mi teta cada vez que la reclama, la ayudo con el único alimento fabricado en exclusiva para ella.
Más tarde, con el paso de los meses, empecé a sentirme molesta cada vez que se me formulaba la dichosa pregunta.
¿Leche?, pues claro que tengo leche como cualquier mujer que dé la teta a demanda. La succión del niño estimula el pecho desencadenando una cascada hormonal que llega al cerebro cuyo resultado es la eyección o salida de la leche. Por lo tanto a más succión, más producción.
Pero esto último ya no interesa escucharlo, y nos encontramos a quien le fue imposible amamantar porque "no tenía leche", y se nos tacha de afortunadas, tanto es así que casi tendríamos que dar gracias por este don que se nos ha concedido.

Señoras, que somos animales mamíferos, ¿se nos ha olvidado?. ¿Cómo es posible que la especie humana que durante miles de generaciones hemos habitado este planeta hayamos llegado hasta nuestros días si no hubiese sido por las tetas de nuestras antepasadas?. Que las leches de vaca desnaturalizadas industrialmente no han existido siempre. ¿Cómo puede ser que en el último siglo hayamos perdido la capacidad de amamantar a nuestros hijos?.

Me he cabreado muchas veces; hasta que comprendí que la culpa es de la carencia de información.
Muchas lactancias se frustran porque nadie es capaz de informarnos debido a que no abundan los profesionales de la salud que desde el embarazo te asesoren con rigurosidad. Y eso me entristece sobremanera. Que haya criaturas que sean privadas de este elixir de vida que es la leche de su madre por desinformación materna………. simplemente me supera.
Existe la errada creencia popular de que no todas las mujeres tenemos leche. Sí, la hipogalactia verdadera (escasa producción de leche) existe, se da en muy contadas ocasiones y puede tener su origen en patologías muy concretas como: hipotiroidismo no controlado, SOP (síndrome de ovarios poliquísticos), reducción mamaria reciente(siendo necesaria una valoración individual de cada caso), síndrome de Sheehan (provocado por hemorragia masiva y severa en el postparto inmediato). Por  lo tanto, la hipogalactia verdadera es una condición muy rara.
En la mayoría de los casos, lo que la madre percibe como una producción insuficiente es en realidad una cascada de problemas que tuvo su origen en una mala técnica, un frenillo lingual corto, la imposición de horarios para dar el pecho o las recomendaciones contradictoras o erróneas.

Muchas veces las expectativas no se corresponden con la realidad. La inmensa mayoría de mujeres cuando se convierten en madres por primera vez no han visto amamantar jamás, por lo que ignoran cómo funciona la lactancia. A menudo, esperan bebés que coman puntualmente cada tres horas y duerman entre toma y toma, algo que pocas veces se da en la vida real. Y, estas madres acaban pensando que el niño llora porque pasa hambre, es decir, porque no tienen suficiente leche.
Hay toda una generación de mujeres, hoy abuelas, que no dieron el pecho a sus hijos, lo que significa que se rompió la cadena de transmisión familiar de la cultura de la lactancia.

De ahí la importancia de acudir a los grupos de apoyo a la lactancia ya desde el embarazo, desde donde se ofrece información veraz y actualizada así como la posibilidad de compartir vivencias con otras madres lactantes.
No nos olvidemos; todas las madres tenemos leche de calidad, se ha demostrado que en madres desnutridas y viviendo en condiciones extremas su leche es de calidad. Las células se las arreglan para extraer los nutrientes necesarios de las reservas maternas para que el lactante no sufra carencias.
Sí, una vez más la Naturaleza es sabia, dejémonos pues guiar por ella con más asiduidad.

jueves, 29 de marzo de 2012

Oficio de Mamá

Siempre he huído de los tópicos, y mira tú por donde, que a la vuelta de los años aquí me veo aseverando que  "madre no hay más que una".
Como verdad absoluta es también lo que solemos decir a la ligera de que "no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde".

Nunca valoré el tener el desayuno preparado antes de ir al colegio.
Nunca valoré el tener mi ropa limpia y preparada día tras día, año tras año.
Nunca valoré el que no se me exigiese nada más que jugar y disfrutar de mi infancia.
Nunca valoré el significado de su sola presencia perenne.
Nunca valoré...............
Hasta el día que mi mamá decidió, libremente y porque sus hijos estábamos ya criados, el reincorporarse a su vida laboral. Ahí aprendí a valorar. Mi mamá, que siempre estuvo junto a mí, de repente no estaba durante cinco días a la semana.
Sufrí, y mucho. Y sufrí egoistamente porque mi mamá nos había dejado por algo que yo comprendía pero no aceptaba. Yo entendía y a mi modo la apoyaba en esta nueva andadura, pero sentía que donde debía estar era a mi lado.

Hoy, ahora que la madre soy yo, es cuando me doy cuenta y soy capaz de apreciar lo que hizo por sus hijos. La dedicación exclusiva que tuvo hacia nosotros durante esos años en los que un bebé necesita a su  mamá tanto o más que el aire que respira. Y por ello te doy las GRACIAS.
Y doy las gracias también a todas las mujeres que a lo largo de la historia han ejercido este sagrado oficio que es el de ser mamá. A todas, que de una manera u otra, como han sabido o como las han dejado, han amado a sus hijos más que a sus propias vidas.

No quiero, y no debo olvidarme de la figura paterna, de esos padres amorosos que los hay, doy fe, y sin los cuales no se entendería el contexto de afecto y generosidad de las mejores infancias.
Uno de esos maravillosos hombres, de paciencia infinita, amor y dedicación eres tú.

Nunca olvidaré esas noches en las que sentado en mi cama me acompañabas con tiempo ilimitado hasta poder dormirme.
Nunca olvidaré esas noches en las que sentía miedo y tú me acomodabas junto a tí en vuestra habitación.
Nunca olvidaré............

Y por todo ello te doy las GRACIAS. Y se las doy a esa maravillosa mujer que ofició de mamá y de quien sin duda aprendiste a ser como eres.